En el siguiente trabajo se ve como la gran mayoría de las personas, tienen una cábala o un amuleto que les da suerte. Y aunque algunos lo vean como un símbolo de debilidad reconocen que en algún momento de sus vidas también las usaron. Y vos, ¿tenés una cábala?
¿Quién no tiene o tuvo alguna vez una cábala? Los resultados son claros. El 90 % de la gente entrevistada reconoció haber creído en ellas. El porcentaje restante
-que casualmente son todos hombres- no lo niega de forma rotunda sino que dicen verlo como un signo de vulnerabilidad, pero que en algunas situaciones específicas han confiado en esta mitológica creencia.
Las formas de cábalas más reconocidas son, por ejemplo, usar la misma ropa que dio suerte una vez. Entonces, de ahí en adelante, se vuelve infaltable cada vez que uno necesita triunfar en algo o enfrentarse a determinada circunstancia de la vida. Como nos contaba Liliana Serruti, profesora de Historia, que tiene una blusa roja que la usó la primera vez que entró en un aula a dar clases, y desde aquella vez siempre se la pone cuando le toca entrar a un nuevo curso o colegio.
Pero no solo la ropa, sino también actitudes específicas de ese momento en donde les fue bien es otra forma de cábala infaltable a la hora de necesitar refuerzos extras para la confianza en sí mismo. Como decía Lautaro Exberria, estudiante de la U.B.A. quien cuenta que siempre que le toca dar un final, ese día cuando se levanta a la mañana da 3 saltos con el pie derecho. ¿El motivo? Cuando lo hizo en su primer final le fue bien y entonces desde ese día convirtió esos 3 saltos en un ritual para cada examen.
Asimismo, otra forma de cábala relacionada con la de las prendas son los objetos, que pueden ser objetos que ya tienen una connotación previamente establecida, o sea que la persona se lo pone con la intención de que lo ayude o le de suerte (como son, los rosarios, cintas rojas, objetos familiares de mucho valor emotivo, etc.), o elementos que se colocaron un día y desde ese momento les dio suerte en una determinada ocasión. Tal es el caso de Maximiliano Argañaras, que es programador y tiene un amuleto parecido a un buda. Él dice que es su arma indispensable cuando tiene que enfrentarse con los empleadores para buscar trabajo.
Las cábalas no solamente puede ser una sino que pueden ser varias o sea un conjunto de todas ellas.
Incluso muchos de los entrevistados no creen en ellas pero las tienen igual porque en forma general dicen que todo lo que pueda ayudar, así después no sirva, es bueno y generalmente no tienen una específica sino varias. Es el caso de Cesar Morelli, periodista, que las pone en práctica sin pensar en ningún resultado sino por lo que ellas significan y que realmente usa varias las cuales con el tiempo cambian, y las aplica generalmente al rendir exámenes o cuando se trata de deportes. También Maximiliano Golfo, estudiante de Sistemas, que también cumple con el ritual de las cábalas aunque no importa si consigue o no el resultado, y que, como la mayoría de los hombres las aplica al fútbol exclusivamente. Adrián Carballo, estudiante del profesorado de Historia, las cumple solo por ritual en los partidos deportivos que vea, aunque no se den los resultados.
Estos dos ejemplos sirven para demostrar que el lugar donde siempre van a existir las cábalas, es sin duda, en el ámbito deportivo, no solo un partido de fútbol, sino cualquier deporte. Hay deportistas que incluso, no se animan a presentarse a una competencia si no tienen su cábala o cábalas características, el ejemplo no es una entrevista, sino el caso de los directores técnicos de los equipos de fútbol que pasaron a ser la personificación de este mito popular.
Existen otros casos como las personas que no creen en los efectos de las cábalas directamente y que ya no las usan más, pero que en un tiempo sí lo hicieron y como no dieron los resultados que esperaban las dejaron de lado. Es el caso de Eliana López, estudiante de psicología de la U.B.A., que usaba un amuleto como cábala, hasta que le dejo de dar resultado y empezó a dejar de creer en este mito popular.
Para esto hay una explicación simple que radica en que las cábalas si pueden dar o no suerte, pueden servir para ganar confianza o como un complemento más para prepararse frente a determinada situación específica, pero estas no son milagrosas. Si la persona que las realiza no estudia o no se prepara correctamente para un examen; si en un deporte el equipo por el que uno alienta no hace las cosas bien o el rival juega mejor; es muy factible que los resultados esperados no se den. No hay que ver en las cábalas la solución a los problemas, sino más bien, como un complemento que ayude a sumar seguridad en uno mismo frente a las distintas situaciones en donde se utiliza a este mito.
Hubo un sector que dijo que sólo las usan las personas inseguras de sí mismas que no confían en sus propias cualidades. Un gran filosofo dijo: ‘Nadie está completamente seguro de uno mismo’. Se refería a que todos los hombres son débiles en algún momento de su vida.
Las cábalas, como se dijo anteriormente, sólo son para reforzar la confianza en sí mismo, al momento de afrontar las distintas situaciones en las que se las utiliza.
Al igual que la fe religiosa, las cábalas son una opción para creer en algo cuando no hay más certezas y solamente, quedan incertidumbres y nervios. Aunque se sabe que ni el mito ni la religión van a solucionar los problemas por sí solos, el creer en ellos da un lugar donde apoyar la última gota de esperanza que queda para enfrentar los problemas que se cruzan en el camino, con mayor fuerza. Después de haber leído este informe sobre uno de los mitos populares más controversial en el que muchos creen o creyeron en algún momento de su vida, la pregunta que propone la nota es: ¿vos, crees en las cábalas?
Laura Colombo.
Julián Galotto.